La muestra fotográfica Un Estrecho de Conservas llega al Museo de Cádiz

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La muestra fotográfica ‘Un Estrecho de Conservas’ llega al Museo de Cádiz

Con motivo de la llegada, desde el Museo del Conjunto Arqueológico de Baelo Claudia, al Museo de Cádiz, que acogerá la exposición fotográfica ‘Un Estrecho de Conservas. Del Garum de Baelo Claudia a la melva de Tarifa’, haremos un repaso por la historia de las industrias de la antigüedad y de la gastronomía en la provincia de Cádiz.

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La muestra permanecerá en el museo desde Febrero a Abril de 2017

Esta muestra hace un recorrido, a través de 26 pares de fotografías de gran formato, realizadas por Juan Sebastián Vicente-Franqueira García y otros 16 fotógrafos e investigadores, por los procesos tradicionales de la industria conservera, iniciada por los romanos en Baelo Claudia, en Tarifa, y de toda la zona del Estrecho de Gibraltar, hasta nuestros días. La exposición pretende rememorar el pasado para no olvidar que los antiguos habitantes del Campo de Gibraltar fueron pescadores, mariscadores, conserveros, marinos, siempre vinculados de una u otra manera al mar.

Gracias a los romanos, la pesca y su conservación se convirtió durante la antigüedad en el motor económico de los pueblos costeros a un lado y otro del Estrecho de Gibraltar, de ahí el título.

Hagamos un poco de historia. Ya desde la época de los fenicios, el arte de pesca y su conservación fue el foco de una importante economía local y el principio de la industria conservera, pero no fue hasta aproximadamente la mitad del I milenio a.C. cuando el sur de Hispania fue conocido como la parte del Mediterráneo más importante en la producción y comercio de salazones y salsas de pescado. En buena medida se debió a la presencia, un par de veces al año, de peces  pelágicos de paso, así como al aprovechamiento de otras especies propias de cada zona. Las factorías conserveras antiguas se situaron jalonando la ruta de los atunes que, procedentes de las aguas frías del Océano Atlántico, se dirigen durante los meses de mayo y junio a las templadas del Mare Nostrum, pasando por el Estrecho. Se pasa pues de una actividad orientada principalmente al autoabastecimiento y autoconsumo a la explotación con fines comerciales dada la producción de excedentes.

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Basándonos en las evidencias arqueológicas disponibles en la Bahía de Cádiz, es posible aproximarse a las características de los centros pesquero-conserveros prerromanos de la región, su evolución hasta la integración del Estrecho en el mundo romano y la indisoluble relación de esta actividad con la producción cerámica (y en concreto, con la fabricación de ánforas para el transporte a larga distancia). Los hallazgos de ánforas dedicadas al transporte de estas salazones en múltiples puntos de esta zona centro-oriental del Mediterráneo, incluyendo Marsella y su entorno, Etruria, Magna Grecia, Sicilia, Cartago o la propia Grecia (Atenas, Olimpia, Corinto) han permitido constatar, que este comercio dio lugar a un siglo de gran prosperidad económica para toda la región del Estrecho de Gibraltar.

Como consecuencia del auge del comercio y consumo de pescado y conservas piscícolas en el Mediterráneo a partir de este periodo, otras actividades industriales vieron también potenciado su desarrollo (extracción de sal, construcción naval, confección de velámenes, redes y cordelería, etc.), destacando especialmente el enorme desarrollo de la producción cerámica.

Ya en el año 171 a.C. la fundación de la Colonia Libertinorum Carteia, uniendo a la población de origen púnico allí asentada con veteranos itálicos, aceleraría en buena medida la «romanización» de la industria conservera de la región del Estrecho, dando lugar a que potentados romanos y colonos itálicos pusiesen sus intereses y recursos no solo en la minería sino también en el sector pesquero-conservero, ejemplificando además el crecimiento que experimentaría el negocio salazonero regional, ahora inserto en el mundo-mercado romano, hasta llegar a la etapa de nuevo esplendor de la tardía República e inicios del Mediterráneo.

A modo de conclusión, debemos señalar que sin género de dudas fueron los fenicios a inicios del I milenio a.C. los introductores, a través de sus colonias de la región del Estrecho de Gibraltar, de los medios técnicos y de la visión económica que permitió el desarrollo en la zona de una pesca sistemática de carácter excedentario y del procesado de dichos excedentes para la manufactura de salazones y otros subproductos piscícolas.

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Dicho negocio conservero, así como el comercio marítimo y otras actividades ligadas íntimamente a la explotación del litoral (púrpura, sal, etc.), fueron desde entonces pilares fundamentales de la economía de la región, alcanzando cotas de internacionalización elevadísimas sobre todo durante el siglo V a.C.

Así, la pesca, el procesado y consumo del atún y su comercialización dentro y fuera del marco regional han continuado siendo hasta la actualidad señas de identidad y agente económico destacado de las poblaciones costeras del Estrecho de Gibraltar, fruto de una herencia fenicia trimilenaria de la que poseemos un importante legado patrimonial, que es preciso mimar y poner en valor como parte imprescindible del pasado común transfronterizo del antiguo «Círculo del Estrecho».

Poseemos un importante legado patrimonial que es preciso mimar y poner en valor como parte imprescindible del pasado común transfronterizo del antiguo «Círculo del Estrecho».

Desde la antigüedad hasta los albores del pasado siglo, Tarifa ha sido y será un adalid y exponente de esa cultura pesquera y conservera, donde llegaron a convivir más de 10 fábricas de conservas. Hoy, Conservera de Tarifa recoge el testigo de aquellas fábricas que llegaron a existir en esta localidad, dignas representantes de una industria vinculada desde siempre a Tarifa y a sus gentes, y a su amor por la naturaleza y las costumbres artesanales que nos viene de herencia trimilenaria.

 

 

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Bibliografía: Los orígenes de las conservas piscícolas en el Estrecho de Gibraltar en época fenicio-púnica.

Antonio Manuel Sáez Romero y Ángel Muñoz Vicente