Tarifa, Cádiz: la ciudad, tapeo, calles y hoteles

Tarifa, Cádiz: la ciudad, tapeo, calles y hoteles

Tres Tarifas en una: mar, campo y ciudad
La de los garitos que frecuentan los tarifeños

Es la prueba de fuego. Entrar en un local y codearte con la parroquia local que llama a los camareros por su nombre y en el que la bulla y la confianza crean un clima imposible de fotocopiar. Estos son los lugares favoritos de los tarifeños, en los que por poco que te lo propongas, te sentirás como uno más.


Texto: NACHO URRUELA | Fotos: STEFAN SCHMIDT

Otros destinos de la costa apenas son un par de barriadas asomadas al mar. Tarifa no; Tarifa es una ciudad. Concretamente, una “muy noble, muy leal y heroica ciudad”, como reza el rótulo de la puerta de Jerez. Tarifa es una ciudad hecha y derecha, con una población de 18.000 habitantes que comparte una historia colectiva y un sentimiento de orgullo por formar parte de un lugar único. Tal vez orgullo no sea la palabra. Es más bien la sensación de haber tenido mucha suerte de nacer aquí “cuando mira que hay sitios feos por ahí para ir a nacer” (escuchado por casualidad en el ‘Café Morilla’).

Ya en la Puerta de Jerez nos encontramos con la primera descripción de la ciudad.

El tarifeño se siente tarifeño por los cuatro costados y le encanta disfrutar y probar todo lo que ofrece la ciudad. Será el primero en querer visitar un nuevo restaurante o chiringuito. Está acostumbrado a ver venir gente de todo pelaje y a todos los acepta con naturalidad, desde el famoso de turno al más auténtico hippy. Si lo pensamos, es natural que en Tarifa acabara recalando todo tipo de gente inquieta: empiezan recorriendo Andalucía; siguen bajando y llega un momento en el que no se puede bajar más porque se ha terminado el continente. Así que se quedan. En mi opinión, ese efecto de sedimento es el que explica la multinacionalidad de muchos tarifeños. Aquí hay sitio para todos.

Un ejemplo más de la multiculturalidad de la ciudad.

Hoy, bajo el término tarifeño debemos incluir a oriundos de muchos sitios: italianos, alemanes, franceses, británicos, argentinos… También madrileños, vascos, catalanes… Como ocurrió en tantos lugares, a partir de los 80 muchos forasteros ‘descubrieron’ Tarifa y se dieron cuenta de su enorme potencial. Algunos de ellos contribuyeron a cimentar la primera infraestructura enfocada al turismo, con establecimientos que enseguida fueron aceptados por propios y extraños, y que actualmente son imprescindibles.

Hoy no se entiende Tarifa sin algunos de esos locales creados por tarifeños “no nativos”, como ‘La Oca de Sergio‘, donde encontraremos todo lo que se puede esperar de un restaurante italiano: cocina con ingredientes 100 % italianos, deliciosas pizzas italianas y un dueño italiano simpático y muy amable; o ‘La Tribu’, otra pizzería, pero de ambiente surfero y con dueño nórdico; masas decentes a precios asequibles que todo tarifeño de menos de 40 años ha probado alguna vez.

Una italiana, Bruna, inauguró una pequeña coctelería llamada ‘El Taco’, con tanto éxito que actualmente ocupa un local mucho mayor donde podremos degustar unos mojitos más que dignos (eso sí, en temporada alta apretujados entre la gente). Un representante emblemático de los primeros bares creados para aquellos primeros hippies que acudían a Tarifa es el ‘TJ’, el bar de Matías, un alemán que todavía hoy sigue poniendo las copas.

Ambiente nocturno en el local ‘El Taco’.

La primera ciudad de la España musulmana

Si hablamos de historia, los tarifeños tienen mucho que contar. Porque cuando estás localizado en un punto extraordinario del globo, lo normal es que te pasen cosas extraordinarias, como que seas elegida en el año 710 por Tarif Abu Zara, comandante de la fuerza expedicionaria musulmana, para instalarse y preparar desde allí la invasión definitiva que tendría lugar al año siguiente desembarcando en Gibraltar. La ciudad debe su nombre a este militar que hizo de Tarifa la primera ciudad de la España musulmana. Aunque no la última; debido a su importancia estratégica (una vez más, la geografía) el Rey Sancho IV de Castilla ‘El Bravo’ puso especial empeño en reconquistar la que para entonces ya era toda una fortaleza, lo que consiguió en 1292 (dos siglos antes de la caída de Granada).

El castillo de Guzmán el Bueno cuenta la historia local.

El encargado de defender el codiciado enclave era Alonso Pérez de Guzmán, protagonista de una historia/leyenda según la cual, en un momento dado los sitiadores le exigieron rendir la ciudad a cambio de la vida de su hijo preso. La respuesta de Alonso fue lanzarles él mismo su puñal para que lo degollaran. Vamos, que no se rindió. Por este hecho, los tarifeños le pusieron el sobrenombre de Guzmán ‘el Bueno’ (a día de hoy se ignora qué sobrenombre le puso su hijo). Hoy se puede visitar el castillo de Guzmán para que nos expliquen todo esto con mucho más detalle.

A partir de ahí, la historia de la ciudad ha estado marcada por su valor estratégico en diferentes conflictos. Ha sido una fortaleza defendiéndose de musulmanes, ingleses o franceses, según por dónde soplara el viento de la guerra. En este sentido, un capítulo que merece mención, aparte es la defensa del sitio de Tarifa en 1812, una hazaña a la desesperada lograda por el general Francisco Copons al mando de tropas españolas y británicas frente al ejército franco-polaco de Napoleón, superior en número. Periódicamente se conmemora este hecho a través del grupo de recreación histórica local, con un resultado verdaderamente espectacular por el detalle y exactitud en los ropajes y la narrativa de los acontecimientos. Eso sí, todo con mucha pólvora.

Los chiringuitos no faltan en la ciudad donde disfrutar es una obligación.

La presencia militar en la zona ha sido constante hasta tiempos muy recientes. La base naval enclavada en el puerto y otros cuarteles de la zona proporcionaban a la ciudad lo que podríamos considerar como primeros prototipos de turistas: los reclutas que salían de permiso para comer, beber y ligar todo lo que podían o todo lo que les dejaban (la expresión tarifeña ‘más caliente que un quinto’ debió nacer en aquellos años).

 Alegría de vivir

Hablemos de las calles donde toda esa historia ha tenido lugar. Los tarifeños se sienten cómodos en su espacio. Hay zonas para pasear y encontrarse con los vecinos, como la Alameda, jalonada de cafés y restaurantes –recomendamos los arroces y pescados de ‘La Pescadería‘ y la pasta de ‘La Trattoria‘–. Aquí tienen lugar acontecimientos tan importantes como las ceremonias de coronación de las reinas de las fiestas. El nuevo teatro completa el atractivo de la zona con una oferta variada, incluidas las actuaciones de la banda municipal, que de un tiempo a esta parte (desde que la dirige Pepe Muñoz) cada vez lo hace mejor.

La Alameda es una calle de encuentros para los tarifeños.

Para el tapeo, hay una calle donde la proximidad de los establecimientos nos permitirá pasar de una delicia a otra sin cansarnos demasiado. La calle de Guzmán el Bueno no en balde es conocida por algunos como ‘la calle de los comederos’ por establecimientos tan arraigados como ‘Los Melli’, siempre lleno; ‘El Pasillo‘, gastrobar donde Isabel y Juan ofrecen las tapas más originales a los mismos tarifeños que veinte años atrás les pedían sus montaítos; ‘El Burgato‘, tapeo de alto nivel con una carta de vinos muy cuidada, y no podemos dejar de pasar por ‘El Lola‘. La frescura de su estética flamenco-pop, la calidad y variedad de sus tapas y la simpatía de su equipo de camareros se resumen en tres palabras: alegría de vivir.

Todas las delicias del tapeo concentradas en una calle: Guzmán el Bueno.

Perderse paseando por Tarifa es una delicia, porque sabes que siempre vas a encontrarte con algo que merezca la pena. Dejarse llevar por las estrechas calles del centro para toparse con sus pequeñas plazas como la del Perulero (San Hiscio), subir a la plazuela del viento con sus impresionantes vistas del Estrecho, o descubrir barrios recónditos como el del Moral. En este oasis peatonal en pleno centro histórico, con sus patios y sus calles engalanadas con maceteros, encontramos propuestas para un turismo de calidad como los apartamentos ‘El Erizo‘, a partir de una casa histórica rehabilitada con evidente cariño.

Uno de los dormitorios de Apartamentos El Erizo.

El último bar de la Europa continental

Para terminar, propongo una lista muy corta, la de cinco establecimientos que todo tarifeño conoce y en mi opinión encierran todas las esencias de la ciudad, cada uno por un motivo diferente:

Tienda de la ‘Conservera de Tarifa‘. “Conservar es lo nuestro” es su claim y define a la perfección su misión: mantener una industria artesanal que ha sido una fuente de riqueza y empleo en esta zona desde hace más de un siglo. Hoy en su fábrica se siguen elaborando las más deliciosas conservas de melva, caballa y atún con la labor imprescindible de las ‘estibadoras’, que limpian y colocan el pescado a mano, con la simple ayuda de un cuchillo. Entrar en su tienda y abastecerse con cualquiera de sus marcas es como almacenar momentos de sol y mar que podremos destapar en los días más fríos y oscuros, estemos donde estemos.

Pastelería ‘La Tarifeña’. Si entras a la ciudad por la puerta de Jerez, solo tienes que dejarte guiar por el aroma para encontrar la mejor pastelería de todo Tarifa (qué demonios, y probablemente de todo el Campo de Gibraltar). ¿Su secreto? Trabajar mucho durante tres generaciones apostando por la materia prima de la mejor calidad –almendra de Málaga, miel del campo de Bolonia, tolerancia cero a las grasas trans– para crear una gama de pastelería que abarca desde lo más tradicional que todo tarifeño conoce -tranvías, cajillas, pasteles árabes- hasta los postres más innovadores. En esta institución del sabor siempre hay nuevas y deliciosas sorpresas. El eslogan de esta casa, fundada en 1956, es toda una declaración de principios: “Elaborando pastelería artesana desde… hace 5 minutos”. Porque para ‘La Tarifeña’ el pastel más importante es siempre el último que sale del horno.

Tres generaciones apostando por materia prima de primera se nota en sus pasteles.

El Morilla‘. Otro caso en el que la situación estratégica marca la diferencia. Este bar y restaurante de los de toda la vida está situado en pleno centro, justo enfrente de la iglesia de San Mateo. ¿Cómo van vestidos los invitados de la boda de Fulanita? ¿Cuánta gente asiste al funeral de Menganito, que en paz descanse? ¿Qué manto llevará la Virgen de La Luz cuando la traigan a la iglesia? ‘El Morilla’ es el escaparate perfecto para responder a todas estas preguntas cómodamente sentado y degustando un café o cualquiera de sus platos tradicionales.

El Ombligo‘. También conocido como ‘lo de Juan Luis’. En la calle de San Francisco nos topamos con una institución del tapeo informal que desde 1968 nos deleita con los mismos platos de carnes ibéricas que servía Juan Luis Muñoz, ‘El sabio de Tarifa’, un personaje único y entrañable, que repartía cordialidad y sabiduría a todos los que tuvimos la suerte de conocerle y cuyo busto en bronce contempla ahora a sus paisanos con cierta sorna en la Alameda. Ahora es su nieta Elena quien rige este negocio con una carta basada en las carnes ibéricas: imprescindibles los pimientos rellenos, la hamburguesa Pompo (creada en honor de un cliente y amigo del local; uno sabe que es alguien en la vida cuando le ponen tu nombre a una hamburguesa) y un jamón de bellota impresionante de la sierra de Huelva. Y con unos precios muy de amigo.

La hamburguesa es un clásico de ‘El Ombligo’.

Y para despedirnos de Tarifa elegimos su último bar. El ‘Pesquero Tarifa Café’, al estar situado en el muelle del puerto de pescadores nos permite descubrir la ciudad desde otro punto de vista mientras disfrutamos de un pescado y marisco increíbles (frescura garantizada, no podía ser de otra manera). Y literalmente es el último bar de la Europa continental, el más meridional.

La ubicación del ‘Pesquero Tarifa Café’ permite acercarse a otra Tarifa.

* Fuente: Guía Repsol